El Niño y su Gallina

El Niño y su Gallina

3 febrero, 2021 Arte y Cultura Cuentos Escritos varios 0

Autora: Violeta Arredondo

Apenas tenía siete años un niño que solía jugar por el terreno de sus padres. Era un niño muy curioso, amaba los animales, las plantas, y hasta conversaba con ellos.  Esa mañana era especial. ¡Era su cumpleaños!

-¡Oh!, ¡qué linda eres! ¿Cómo te llamas? ¿De dónde eres? ¿Estás perdida? ¿Dónde está tu familia?  Cuéntame, dime tu nombre –decía el niño.

-A mí me dicen Josefina –contestó la polluela-. Vengo de ese camino.  Creo que me perdí.  Tengo hambre y frío. ¿Tienes algo que darme?

El niño, al verla tan pequeña, sintió compasión por ella. Sus patitas estaban enlodadas de tanto caminar y, esos ojos… ¡Había algo en su mirada!  Fue una conexión especial con ella. Sin pensarlo dos veces, la tomó suavemente entre sus manos. Luego, caminó hacia su casa para darle calor, abrigo y alimento.    

Su mamá, al verlo, se preguntó: ¿qué traerá Otto con tanto esmero? Ella respetaba a los animales y le inculcaba el amor por la vida.  No pudo decirle que no, ¡menos en el día de su cumpleaños!

Así pues, la pequeña Josefina pensó que iba a un gallinero. Se equivocó por completo. Al ver que no iba allí, dijo -¿niño, a dónde me llevas?

-¡A tu nuevo hogar!, -respondió alegremente-.  Hoy es mi cumpleaños y tú serás mi invitada de honor.

Luego de darle comida y agua, Josefina, tuvo su primer baño… Bueno, solo las patas dentro de un guacal. Después, lucía alrededor del cuello, una hermosa moña roja, hecha con listón. 

Otto la llevaba consigo a todos lados.  Ese día fue el inicio de una nueva historia para ambos y nadie sabía dónde iba a terminar. 

Con el paso de las semanas, meses y años, Josefina, creció. Ahora es una hermosa gallina, su plumaje es fuerte y brillante. El niño, todo un adolescente. Todos los días ve las hermosas plumas negras que salen a su encuentro al regresar de estudiar.  Josefina, que desde lejos le reconoce, corre, por no decir que casi vuela, al verlo.  En el trayecto, los rayos del sol hacen que se destaquen unas pequeñas y visibles manchas doradas en algunas plumas. ¡Es realmente una obra de arte!  

Cuando la ve, Otto le dice emocionado: ¡ya regresé, Josefina! ¿Qué hiciste en mi ausencia? ¿Ves qué preciosa te has puesto? ¡Estás para comerte… a besos! 

Ambos hacen su ritual de bienvenida por el terreno. La gallina corre para un lado y él corre para otro.  Juegan al escondite. Basta decirle «Josefina, búscame». Ella mueve la cabeza y sale estratégicamente a buscarlo. Eso sí, al encontrarlo extiende sus alas, pidiendo un «abrazo» como recompensa de su triunfo.

Otras veces, Otto coge una toalla para bañarse y Josefina va tras él. Sabe que es hora del baño.  ¡Es una escena súper graciosa!  Aunque ella no se baña con agua y jabón, sí toma sus baños de sol, y posa como toda una estrella.

-Josefina, ¡es hora de las tareas! -dice Otto. Ella se pone frente a él a escuchar lo que lee; parece disfrutar las lecturas.  En algunas ocasiones solo se acomoda en su cojín rojo para monitorear que Otto haga sus tareas. Si ve que pierde el tiempo con el celular o enciende la televisión, le da picotazos, como diciéndole: ¡no pierdas el tiempo, tienes que hacer la tarea!

-¡Ay Josefina, solo es un descanso! –ríe Otto-.  ¡Está bien, voy a continuar!

Los domingos y días festivos, Josefina luce sus mejores galas.  ¡Claro! No hay clases y tiene que lucirse con «ropa a su medida».  No es cualquier gallina, es Josefina. ¿Te imaginas una gallina con vestido?  Para Otto, es la niña de sus ojos.

Hasta la fecha, Josefina es la mejor amiga de Otto. Se quieren y disfrutan hasta más no poder.  Su instinto e inteligencia le hacen sobresalir de otros seres de su especie.  Ambos siguen uno al lado del otro, no sería de extrañar que Josefina tenga su propia toga en el acto de graduación. 

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